“Cuando quiero hablar mal, hablo en francés”
He vuelto a Henry James. Recordaba de ese libro magnífico titulado “La copa dorada” algunas frases que pronuncia el Príncipe y yo quisiera para mí. El otro día alguien en el autobús me produjo en Londres un deja vù: “Cuanto mejor entiendo, peor hablo”. Era un tipo joven, gafapastero y divertido que además de llevar un Príncipe dentro nos obsequió con algunas frases para recordar. Cuando las chicas nos enfrascamos en esa conversación tan Henry James sobre los tacones que luciríamos por la noche, multiplicando el dolor por las horas que habría que llevarlos, él se alzó con su flema british y nos inquirió:
-Ya, sí, ¿pero con plataforma o sin plataforma?
Permítaseme caer en el tópico fácil si aclaro que el chico era heterosexual y trabaja en una revista para machotes, de esas que muestran a mujeres semidesnudas. Así que le reconocí su agudeza en la materia y volví a Henry James, ese norteamericano que quiso morir británico porque la Vieja Europa son unos tacones sin trampa, erigidos desde la noche de los tiempos con materal salvaje disfrazado de cultura.
Cuando quiero salir de un túnel oscuro de mediocres devaneos literarios, leo a Henry James y me admira la precisión de su bisturí en el trazo psicológico del personaje.
Los personajes de portada de revista machirulo son “la guapa” intramuros, me cuenta mi amigo J., que trabaja y se desvela en una de ellas. La guapa de la semana muestra sus pechos al aire y cierta desesperación en la mirada. A veces todo el futuro se juega en una portada, y hay que apretar la mandíbula y las carnes, porque la gloria se hace rogar cuando una tirita en la vitrina de un quiosco donde los hombres compran Expansión, Cuore y a veces tías en pelotas y las mujeres versiones de Henry James postmodernizado, o el cuché de los zapatos de plataforma.
También economía, no se me alteren. En mi caso me gusta que me susurren los titulares al oído, con música de Charles Parker de fondo y un gin tonic en la mano. ¿Hay poesía en la prima de riesgo?, me pregunto mientras afilo la navaja para arañar los más de 500 puntos sobre el cabecero de mi cama.
Cuando quiero hablar mal, hablo de economía, querido Príncipe. Se me llena la boca de negrura e imprecisión y cuento ovejas para dormir. Es tiempo de números, no de bailes, y si Henry levantara la cabeza no querría ser europeo, sino tal vez un bosquimano de tribu o una mujer desnuda en Interviú, diletante y aterida, que sabe que su frágil poder sobre los vaivenes del mundo está concentrado en sus curvas y el capricho ambulante del destino.
El Príncipe dominaba el inglés norteamericano pero no el francés. Pienso que siempre debe haber un idioma a mano para malhablar. Una lengua que te impida llegar a las esquinas, como esas aspiradoras redondas.
Europa se ha convertido en una máquina perfectamente inútil y ahora toca hacer el camino inverso, volver al Henry James americano y convencerle de que el Príncipe ya ha bailado de más en Roma, en Londres, ¿en París?.
Cuanto más pienso, peor escribo.
PD. El vídeo de hoy es la mejor música que se me ocurre para una chica desnuda y triste de portada. Lo que somos hoy los europeos. Va por ellas/nosotros.