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Para madres y padres con hijos reacios |
1. El otro día fui reprendida cariñosamente por dar pocos caprichos a mis chukis. Expliqué a mi interlocutora que en mi familia nos habían educado sin concesiones y que mis hermanos y yo podríamos protagonizar el anuncio “¡¡¡Un palo, un palo!!!!”, (de Limón o nada) porque cualquier chorrada nos parece la bomba. Yo inventé el concepto “aperitivo con refresco” como premiazo de fin de semana y las chukis siguen solicitando permiso para pedir una Coca Cola al camarero (si hay testigos externos no siempre, son unas zorreznillas), sus pagas crecen con el IPC, más diferencial propio de la edad de cada una, y no hay demasiados “porque yo lo valgo” en nuestras rutinas. Aún así, mi madre considera que les doy de más. A cicatera siempre hay quien te gana. Calculo que a este ritmo en un par de generaciones seremos tan caprichosas como Brenda y Brandon, los niñatos de “Sensación de Vivir”.
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Sensación de vivir |
2.Ayer Minichuki, que se iba de excursión con el colegio todo el fin de semana, nos pidió a su padre y a mí que no la despidiéramos a pie de autobús para hacerse la chulita y la mayor delante de una niña muy mal encarada, palabrotera y chunga que detestamos ambos. Tuve que contener el impulso de agarrarla en volandas y llenarla de besos y llamarla por alguno de sus nick names (que no reproduzco porque forman parte de la estricta intimidad y porque me mataría). Recordé que a mi amiga C. su hijo de doce años le advierte dos manzanas antes de llegar al cole: “Dame el beso y acabemos con esto cuanto antes”. Respecto a la malencarada, cuando Minichuki se enfada con ella y la critica a conciencia, siempre termina con un “¡y encima ya tiene la regla, qué asco!”.
3.Mi querido I. está haciendo un curso de melasudismo con esfuerzo. Se trata de concentrar la mente en un punto del estómago cuando algún estímulo hostil y estresante se cruza en su campo magnético. Al parecer se pasa el día con la mente en el estómago, con lo que imagino la cantidad de basura radioactiva que le rodea. Le explico que en esos casos yo salgo de mi cuerpo, que es lo mismo pero al revés, en formato capitán Araña. Te abandonas y contemplas desde fuera cómo te caen los rayos láser destructores por arriba y por abajo, mientras tarareas una cancioncilla simplona, por ejemplo de Los Beatles, y haces mentalmente la lista de la compra.
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De amor y drama |
4.Para este fin de semana me he traído un poemario de Sylvia Plath como lectura. Lo alternaré con “Cartas de cumpleaños”(Lumen), los poemas de su marido, el poeta inglés Ted Hughes. Me estremezco al leer que el matrimonio duró sólo siete años, él absolutamente loco de amor, ella navegando en el tormento de la locura para terminar suicidándose con la cabeza dentro del horno. Abro una página al azar: “Esperaste, sabiendo tu indefensión entre las pinzas de la vida que te juzgaba, y yo vi el nervio desollado, la incurable herida de tu cara que era todo el coraje que tenías. Vi lo que te arañaban, mientras bebías, los mismos terrores que ya te habían matado una vez. Ahora veo, vi, sentada, a la muchacha solitaria que iba a morir”.
Lo mismo tengo que salir de mi cuerpo para digerir tanta desdicha, aun tan bella. Lo mismo elijo otra lectura de fin de semana.