Me rodea un grupo de hombres y mujeres de cuarenta años y más que se siguen planteando las cuestiones vitales de los treinta: Qué quiero ser profesionalmente, a quién debo amar, ¿es el momento de tener un hijo? ¿compro o alquilo? ¿este amigo me conviene? o ¿me sienta mejor el tinte rubio o el caoba oscuro? Asumo que los contadores de la vida se ponen…