En el último día del año he decidido obedecer por fin a un hombre: Mr. Tom-Tom. Lo cierto es que empezamos mal, como una metáfora de mi vida desnortada. Yo tenía un tom tom que compré justo antes de las vacaciones de verano porque mi propensión a perderme al volante añadia no menos de 50 kilómetros a cada viaje. El mismo día que lo estrenaba…