Todas las semanas salgo del mismo despacho, tengo delante un largo y solitario pasillo gris con tubos fluorescentes mortecinos en el techo y dudo de si debo encaminar mis pasos a la derecha o a la izquierda, temerosa de que en cualquier momento aparezca el niño con triciclo de “El Resplandor” o una zombi llena de musgo y recién salida de la bañera. Debe ser…