En los años setenta, mi abuela se volvió moderna y le dio por comprar sofás de cuero negro, estanterías de cristal y cromados y un mueble bar de discoteca con su ruleta ad hoc, con la que mis hermanos y yo entreteníamos las tardes de tedio. Su afición a la cultura disco no le impedía atesorar figuritas de Lladró, jarrones chinos, enormes televisores y gadgets…