“Había una vez tres muchachitas que entraron en la Academia de policía…Pero yo las aparte de todo aquello y ahora trabajan para mí. Yo me llamo…Charlie“.  Las chicas de mi generación -modernas, superadas, deliciosamente tardofranquistas- crecimos en la escuela sentimental de “Los Ángeles de Charlie”, donde el hombre era dios. Lo oías pero no lo veías. Le obedecías a ciegas, poniendo en peligro hasta tu…