Romeo y Julieta, Teatro Real, CND Ser crítico profesional me parece una desventura diabólica e irremediable. Uno llega a la butaca del Teatro Real y empiezan a sonar los acordes de Romeo y Julieta, de Prokofiev, y en lugar de dejar que su espíritu vuele y vibre hasta el aliento, compone un mohín rígido y circunspecto, se distancia de todo sentimiento que contamine la muestra…