Me hubiera gustado ser Amy Martin, la misteriosa columnista que cobraba 3000 euros al mes y que en realidad era un señor llamado Carlos Mulas. Del PSOE. De la Fundación Ideas. Y sí, el pseudónimo era ocurrente, no vamos a negarlo. Si te llamas Amy Martin deberías ser una escritora de novelas rosas picantes, una Barbara Cartland contemporánea, o bien una pornostar a la que…