Las mujeres de treinta andan preocupadas por el apremio del tictac de sus relojes biológicos. Las de cuarenta porque la piel les dice que ya no son tan jóvenes. Las de cincuenta porque se sienten invisibles en dos mercados, el sentimental y el profesional. Las de veinte “porque beben dos gin tonics y se inventan un trauma” (aguda contribución de mi amiga I.), y las…