Como madrileña capitalina me sorprendo a menudo ante algunas manifestaciones de provincianitis aguda. Ayer, tres revistas del corazón reseñaban el romance de un actor guapito que ya se me ha olvidado con una chica a la que presentaban insistentemente como “de 28 años y de Palencia”. Como si el hecho de ser ella de esa tierra de cereales donde suelo desorientarme rumbo a Asturias fuera…