“No me queda tiempo para lo supérfluo“, escribió hace unos días Oliver Sacks, sabiéndose a un paso de la muerte en una carta valiente, conmovedora y descargada de todo victimismo que resume los pilares de la vida: afecto, conocimiento y disfrute. Después de leerla -me parece un ejercicio imprescindible- corrí a dársela a mi hija mayor, que hasta la fecha desconocía la existencia de “El…