Los obituarios siempre me provocan el mismo pensamiento. Son una usurpación, un desatino. Llegan tarde, mienten como bellacos, exageran y ocultan con su niebla hueca de adulación o rabia contenida. Cuando el interesado ya no puede agradecer, revolverse, quejarse, correrse de placer, envanecido. Ayer Chus Lampreave y Manolo Tena. Hubiera sido mucho más provechoso publicar tantas palabras huecas, solemnes, emotivas, dos días antes, tal vez…