Me gustan las señoras que beben en los bares de los hoteles. Esas que han pasado la barrera de los setenta y echan la tarde con las amigas, comentando la vida mientras se pimplan uno o dos gin-tonic. Sin culpa -“está fresquito” y todos sabemos que el alcohol frío no mata ni se sube a la cabeza-. Sospecho que la suya es la década más…