Me dispongo a hablar de la autoestima. Eso que se apoya en una delgada línea de precario equilibrio donde normalmente o te pasas o no llegas. El motivo es que ayer chupé patio del colegio y noté esa desazón familiar que me empuja a huír con la mochila de Minichuki al país de nunca jamás. Lo mejor fue la conversación que tuve con P. Una…