“Cuando yo era apenas una niña, mi padre, Eduardo Barreiros, escribió en un papelito lo que él tituló ‘Decálogo del buen empresario’. Un código de conducta al que siempre permaneció fiel y del que siempre se sintió orgulloso: Hacer siempre honor a los compromisos. No mirar a nadie por encima del hombro. Ser muy tenaz. Rodearse siempre de buenos colaboradores y amigos. Convivir al máximo…