Antes los pufos se aireaban y las enfermedades se escondían. Tener un padre traficante era más llevadero que un hijo con síndrome de Down. En mi infancia los llamábamos “mongólicos” y no era cruel-intencionado, sino resultado de una época que no había conocido la corrección política y campaba a sus anchas señalando lo distinto con el dedo y urgándose después la nariz. Leo que una…