Me gustan los puentes de hierro. Esa mezcla de ligereza y majestad con que saludan al río y desafían el peso de las almas que los cruzan entre levísimos temblores. El hormigón ha hecho mucho daño a la arquitectura que une dos orillas, me parece, y volver a pasar de Oporto a Gaia por las tripas de Don Luis es una emoción largamente postpuesta y…