La soledad es tan adictiva como las palomitas en el cine. No hay nada tan romántico como dormir solo. Mi cama, mi reino. Cierta mujer que conozco solía defender el ideal del abrazo, ese escorzo perfecto que vulgarmente se llama “la cuchara”. Hasta que lo tuvo cada noche. Entonces empezó a irritarse porque ya no había posibilidad de hacer sus posturas del perfecto kamasutra solitario:…