Ayer, en un lugar poco acogedor, me sorprendí a mí misma tratando de caerle bien al camarero. Habíamos leído entre los comentarios de Internet sobre el local que “los camareros no te miran a los ojos”, y tal apreciación se repetía varias veces. Me pareció fascinante ir a cenar a un lugar donde terminarse el chuletón no sería un reto, pero sí lograr que el…