Ayer me propuse un día de encierro voluntario y me tragué la llave de mi casa para evitar tentaciones. Después encendí el ordenador; había muerto Fidel Castro (en realidad llevaba años desactivado, la noticia parecía sacada del NODO; las reacciones, previsibles y encorsetadas como thriller de domingo a la hora de la siesta). Enseguida cliqué el Scrivener, programa de novela que con mucho esfuerzo había…