Una noche de sueño como zarzas, el ojo atrapado entre los pinchos. Y un recuerdo del domingo recurrente: mi bolso secuestrado unas horas en un pueblecito norteño donde podría rodarse el anuncio de la Lotería. Y de pronto estábamos en la comisaría local,  luces de fluorescente agotado, paredes desnudas y una máquina para pedir cita del DNI que no funciona.  La tarde bosteza y se…