Cada semana me escapo en bicicleta a comer al parque de El Retiro, a apenas diez minutos pedaleando desde el trabajo. La sola visión de la cancela majestuosa de su entrada por la Puerta de Alcalá me produce una euforia infantil. Llevo la mochila a la espalda, con un picnic a menudo improvisado, y me divierte el reto de buscar una sombra que me cobije…