Voy a señalar con el dedo. Hoy es el día. Anteayer era feliz (suelo serlo, pero fue en escala richtergozosa máxima) y nada ni nadie podía pincharme el globo. Me parecía que el universo en sus imperfecciones giraba a ritmo delicado y sostenible, que mis piernas avanzando por la acera eran dos tanques incansables y que la justicia poética estaba para ser sabiamente administrada: ahora…