Anoche Nosferatu el Vampiro me hizo suya mientras Jordi Sabatés proyectaba su sombra en el  piano de la sala más negra de los Teatros del Canal. Ya he confesado mi  acusada predilección por los vampiros clásicos frente a la banalización de la figura de chupasangres hollywoodiense (y te incluyo, Coppola,  tu versión edulcora el romanticismo más puro y pone el foco en donde no debería,…