Tengo un prodigioso talento para olvidar aquello que me da pereza. Odio las listas, pero cuando la desazón del incumplimiento me impide dormir, agarro un trozo de papel y algo que escriba (la barra de labios es el recurso extremo) y procedo con fastidio inevitable: 1-Comprar reloj de cocina. Sigue ahí colgado, varado a las tres y media mucho antes de que entrara en vigor…