Hay personas de las que uno querría ser amigo por ósmosis de simpatía. Me pasó el domingo después de leer la entrevista con Élisabeth Badinter en El País. La mirada sagaz de la filósofa octogenaria, de la que debo confesar que no he leído obra alguna, pecado que corregiré sin duda-  no admitía ni media rendición a la vida. Uno envejece un poco más el…