1.Leo en mi deambular nocturno que el último teléfono rutilante “se puede meter al congelador o en agua hirviando”. Me pregunto quién será el imbécil que lo ponga a prueba. Que invierta en el terminal para poder chulearse de estas altas capacidades tecnológicas. Me pregunto también por qué los fabricantes no inventan un señuelo más real: un móvil que se te cae al inodoro y…