“Hay que matar a Angela Merkel”. Eso sentencia mi amiga A., mientras se lleva a la boca un buñuelo de morcilla. El pesimismo dominante produce extrañas reacciones. Una cena puede convertirse en una conspiración, porque las palabras son gratis y los ánimos andan en bancarrota, dispuestos a empuñar un fusil -como Johnny- y  liarse a tiros dialécticos contra el mundo entre el vino de Toro…