A las 21 horas del pasado domingo, un domingo hermético y fatigoso de agosto, al tiempo que “le daba la vuelta a la casa”, esa expresión trasnochada que describe la limpieza compulsiva que se lleva por delante polvo, rabia, trastos y recuerdos, decidí abandonar para siempre “El Jilguero“. Exactamente en la página 661, recién pasado el ecuador de su extenuante recorrido plagado de descripciones minuciosas…