Ayer regresó mi adolescente de su curso de inglés en Inglaterra y a primera vista la british flema brillaba por su ausencia. Tras dos horas de retraso -acabemos de una vez con el topicazo de la british puntualidad- apareció con un grupo de amigas todas llorando a moco tendido y con los ojos tan rojos como el conde Drácula ante la visión del cuello de…