Recibo una invitación irrechazable para pasar un San Valentín de amor y lujo, con todos los extras de la pasión convencional y empaquetada estilo Hollywood… excepto a Valentín. Me planteo si mi ordenador, esa compañía que no falla pero no besa,  puede ocupar el puesto de solícito amante. Desestimo el pensamiento. Me planteo poner un anuncio para buscar lo que mi U. llama “un chulo”…