Los quince primeros minutos son tercos. Tu cuerpo se resiste al trote, el sudor tarda en romper y eres una olla a presión con la válvula in crescendo. Las venas se hinchan lentamente, con dificultad. El corazón galopa a 100, 150, 170, 180 pulsaciones. Las piernas te pesan y miras de reojo las terrazas de verano y esas jarras de cerveza espumosa con avaricia. Si…