“Cada domingo a las doce después de misa, los dormitorios de “La Nené” eran habitados por borrosos fantasmas que parecían brotar de las devencijadas camas, como si volvieran a la vida en busca de antiguos rastros prisioneros por las sábanas almidonadas de amor“. Encuentro en el relato de Fernando Iwasaki (Helarte de amar. Páginas de espuma) cierto consuelo de palabras ahora que el café ha…