Anoche uno decía “mi patria es un sentimiento“, como si tal cosa, y el otro se declaraba apátrida y más foucaultiano, por elevar el tono y asomar en  apnea del subterráneo denso de oxígeno dulzón que los envolvía. Sótano tibio y sin ventanas, más bien trampantojos luminosos, bajo un mundo terrícola de chulapos y chulapas que en Madrid siempre resultan kitsch, disfrazados y poco convincentes,…