“Lee y borra“, me dijo M. tras confiarme su secreto en cuatro líneas, y lo hice al instante. Podría contar mi existencia reciente por los “lee y borra” que ejecuto, obediente, por los (escasos) “lee” que no borro, por los borrados que no leí y por los que no escribo y se me quedan yermos en la punta de los dedos, contenidos, enquistados de pus…