Cada verano, el día antes de vacaciones, hago algo que podría impedirme ir de vacaciones. Algo a lo grande, me refiero. Verano 2014: llenar el tanque de gasoil con gasolina (¿O era al revés?), justo después de haber lavado el coche a conciencia y pronunciado con la tradicional pompa las palabras mágicas de madre motivada: ¡Chicas, estamos de vacaciones! (es nuestro “Viva San Fermín”) Verano…