Mi adolescente y yo hemos empezado a correr por el parque. El mismo parque donde la bajaba de pequeña a socializar con otros niños y devorar arena sucia mientras yo hablaba con sus padres y devoraba quina santa Catalina de tedio y desesperación. Mientras emprendíamos el trote deshilachado pensé que el botellón no había pasado por mi vida. Que me he saltado una etapa crucial…