Alguien que me conoce poco me ha enviado una tentadora y exclusiva invitación a un fin de semana en París con este reclamo: MAD MEN, FABOULOUS WOMEN: Bal des Etoiles. Una especie de baile de ¿debutantes? casamentero donde ellos serán como Jon Hamm -atractivos, cínicos, desalmados, testosterónicos (el actor aparece como reclamo)- y nosotras estaremos a la altura -sexys, coquetas, intrigantes, enfajadas-.
El fin de semana incluye soirees, brunch con champán, y la gran cena de gala con baile. Dress code: Vestido de voy a por todas (¿escote halter, palabra de honor, silueta sirena?). La invitación, de varias páginas, cita los nombres de un larguísimo comité internacional -los Celestinos-, una larguísima lista de hoteles colaboradores -los picaderos- y un discreto recuadro con los donativos -tarifas en cristiano-, por edades:
Menores de 25…..400 euros
De 25 a 35………..500 euros
de 35 a 45…………600 euros
Mayores de 45…..700 euros
Vuelos y hotel aparte.
O sea, que si pasas de 45 debes pagar más por encontrar a tu Jon Hamm maduro y asquerosamente rico, que seguramente ande perdiendo el alma y algunos dedos detrás de una de 25, después de haberse puesto de whisky y a esa hora a la que el balbuceo le vuelve baboso e inconexo. Rico, pero torpe en inglés, en francés, en chino mandarín…
Aquí se penalizan la experiencia y el buen hacer, como en el mercado laboral. Pasas de 45, date por sentenciada. Debutar con tres décadas de retraso sale caro, carísimo. Pero ahí estás tú, con tu VISA y tu savoir faire, dispuesta a dejarte ver en un salón de baile donde suena, ya lo oigo, el vals de las olas y tú bebes y bebes Moet pese a que te sienta mal, y repites ese gesto tan fino de subirte el palabra de honor como Penélope en los Oscars, y tus Louboutin te aprietan como torniquetes y te preguntas qué demonios haces ahí buscando un Jon Hamm cuando te pasaste cinco temporadas de Mad Men desenganchándote de ese bellísimo mentiroso incapaz de amar a nadie que no fuera él mismo.
Siempre nos quedará París, suspiro justo antes de rechazar amablemente la invitación. No hemos llegado hasta aquí para exhibirnos como carne solvente en un salón con candelabros, tiburones y pirañas pudiendo estar en Madrid City rodeada de amigos delante de unos botellines de Mahou y en animada conversación. Ser mujer objeto a estas alturas me pega tanto como interpretar a Julie Andrews de monja. Con 700 euros imagino un fin de semana grandioso, en pantalón de cuero y camiseta gris y botín bajo (mi dress code casual esta temporada), de una expo al aperitivo, y de ahí a una cena en un restaurante recoleto de los que recomienda mi amiga M. en su blog TeveoenMadrid, después de habernos conjurado para rechazar ambas la invitación al grito de “querido Jon, si estás interesado compra un billete y reserva en el Santo Mauro. Para el donativo ve ahorrando, que las mayores de 45 somos muy exigentes y de gustos caros”.