Mi querida Big-Bang:
Mi amiga A. se ha acostado con un fantasma. “Ahora llaman así al fracaso sexual”, pensarás. Pero también podrías pensar que se lo ha hecho con un tipo fanfarrón. Uno de esos que piensa que es un virtuoso, porque en realidad no ha podido compararse con otros amantes. La relatividad no es eso que se inventó Einstein en un arrebato de genio, sino la ley que permite que situemos nuestros talentos en funcion de los de los demás. Pero el amante fantasma es en sí un ser absoluto: “te voy a hacer algo que vas a ver las estrellas, chati”.
Visto así, acostarse con un fantasma de los otros tiene sus ventajas. No ocupa espacio en tu cama, no te sobresalta con esos estertores como de moribundo que tienen las personas satisfechas en su fase REM, y no te planta la pierna sobre tus muslos en una maniobra de sutil aproximación postcoital. A mí el cariño postextático me pone loca, pero luego quiero que me dejen dormir, porque soy de sueño liviano.
Imagino que un fantasma en tu cama te sopla al oído, mientras que el otro te cuenta sus hazañas con muchas subordinadas y mucho yoyoyó. A mí más de tres subordinadas seguidas me aturden. Igual que los gerundios en demasía, el adjetivo emblemático y las coletillas, con especial inquina (ya lo he contado) por el “como digo yo”.
Pero un fantasma, digo yo, debería ser un tipo callado que deja que discurran tus pensamientos, tus fruslerías fantasiosas, por sus fueros. No es que tenga mucha experiencia al respecto, pero si mi querida A me hace un relato al detalle -y vive dios que hoy se dispone a ello- lograré esa experiencia vicaria y será como un trance de sexo fantasmal. Porque A, además de escribir pelis como nadie, jamás es gerundiótica y mucho menos retórica.
Como soy retorcida, te pregunto ahora: ¿Has pensado el éxito que tendría una versión porno de Poltergeist? Con Drew Barrymore, desde luego, siendo abducida por un televisor pantalla plana con un macizo dentro que aúlla ante la inminente engullida de tanta turgencia en deshabillé. También los Cazafantasmas admiten un remake con muchas X, por esas mangueras que llevaban cogadas al hombro, y doy por hecho que Drácula ya ha sido adaptada al género del jadeo y el escorzo resudado, pero como soy de cole de monjas no la he visto.
Te dejo, que debo ir a recoger a mi amiga para un día de sol y confidencias. Espero tenga el detalle de presentarme a su fantasma. Compartir es vivir, nena, y un espíritu bien dosificado nos puede deparar largas sesiones de placer sin redundancia. Sin subordinación.