Mi querida Big-Bang;

Sostiene Mr.Rubidio que el mundo es de los que tiran la piedra y esconden la mano. Le replico: “Querrás decir, el inmundo”. Las alcantarillas están plagadas de ratas saltarinas que se asoman, pegan tres mordiscos y vuelven a los charcos sigilosamente. Arriba, encajamos las dentelladas sin dejar de vender nuestra alma a Openbank, pagar la factura de Telefónica, el IRPF y …la suscripción a Canal +. La ficción libre de impuestos.

Ahora lo sabes todo. Soy una yonki de las series norteamericanas. En apenas dos secuencias, toda una visión del mundo. Con su ironía, sus desatinos y sus melenas rubias con mechas y bien planchadas. La Coca Cola ha entregado el relevo de la colonización cultural a capítulos que en cuarenta minutos trepidantes te dan un recital de talento, de ritmo, de personajes transgresores, de diálogos endiabladamente ágiles. Y, no te lo vas a creer, algunas carecen de moralina altisonante o la vierten con elegancia Bauhaus. Como si los guionistas formaran parte de un antisistema que actúa desde las alcantarillas del poder y no participa de la necesidad de ensalzarlo. Ficción sin bandera.

The Walking Dead, Boston Legal, Mad Men, Dexter, Modern Family…Pero también Dos hombres y medio o Matrimonio con hijos. Puedo relatar los episodios más trepidantes de mi vida tumbada en un sofá chutándome capítulo tras capítulo hasta entrar en colapso con los ojos enrojecidos. A veces me hubiera puesto palillos en los párpados, al estilo Kubrick, para aguantar. Quiero, deseo, suplico que me torturen con tramas que se cruzan y componen nudos imposibles de los que nunca hubiera tenido paciencia de deshacer. Pero ahí están los guionistas yanquis, al quite, dándole un toque final, o un vuelco imposible para mantenerme clavada y ansiosa de más. A veces, hasta aplaudo.

Sí, Rubidio, puede que el mundo a veces sea de los inmundos. Pero lo mismo esta serie termina con otro final y las ratas se quedan atrapadas en las alcantarillas, recorriendo vertiginosas los túneles encharcados, mientras yo me entrego a los Estados Unidos de América con una mano y protesto airadamente contra el sistema con la otra. Dime si esto no es de diván.