Mi querida Big-Bang:

“En el principio fue la luz” es una de mis frases favoritas del Antiguo Testamento. Ayer discutía con mis hermanos la diferencia entre los Hare Crishna y las beatas cristianas, en una de esas charlas insustanciales que nos gusta perpetrar a la familia delante de un pollo con patatas y pimientos asados ah hoc. “Si te anulan la voluntad, es secta”, concluimos a los postres apresuradamente, porque la siesta entre los de mis genes es más sagrada que la luz ésa del principio y, como en el juego de las sillas, siempre hay una cama menos que aspirantes.

A lo que te iba. Pillé cama, sí, y a punto estuve de compartirla con mi hermano A., otra costumbre muy de los gitanos que hemos importado sin complejos. Pero lo de la voluntad y los gritos porculeros de mis sobrinos impidieron que durmiera, concentrada en trazar la lista de todas las sectas de las que soy partícipe y esclava, a saber: la secta del foie a la reducción de Pedro Ximénez. Ponme un plato delante y verás lo que es un gastrorgasmo de los buenos. La secta del gin-tonic, por razones obvias. La secta de los Loubutin. Esos fetiches de suela roja que toda mujer debería tener bajo la cama. Antes o después del sexo. La secta del shopping compulsivo para paliar el desamor. (De esa estoy dada de baja at the moment, pero la miro de reojo dos o tres días al mes). La secta de los poemas muertos, la de la chulería sin fuelle, la de los enemigos del adjetivo “emblemático”; la de la venganza de Don Mendo; la de los viernes de lujuria y desdén, la de adoratrices del Vogue; la del toma pan y moja, la de los devotos de Ian Mc Ewan, la de los violadores del bricolaje…y así.

Debo reconocer que de voluntad estoy justita, pero que antes muerta que arrastrándome con una sábana color azafrán musitando un mantra chungo y con la cabeza pelada. Más que de nada, soy de la secta del glamour hasta en el campamento base del Annapurna. Y de ahí no me apea ni mi idolatrado Calleja, a cuya secta de tipejillos escaladores pertenezco en calidad de socia fundadora, mal que les pese a los solemnes ésos de Al filo de lo Imposible (de lo Insoportable). Otra secta envuelta en voz de off de postín que disfraza sus miserias con grandilocuencia de héroe y banda sonora paralímpica.