Virginia Galvin
La vida en 5 minutosMi querida Big-Bang;
Ayer me llamó cierto periodista de la vieja escuela y me hizo una predicción desde su bola de cristal azuloscuracasinegra: “Rajoy va a ser el próximo presidente del Gobierno”. Yo me quedé callada al otro lado del teléfono, sin dejar de rellenar las letras de mi juego del ahorcado, y él prosiguió: “…claro que lo mismo ganaría un burro que compitiese con Zapatero dentro de un año”. Tanto entusiasmo agudiza mi natural escepticismo, así que me descolgué con una perorata sobre el ardor competitivo de los rebuznos políticos y el hombre decidió que, al fin y al cabo, la de las mechas no era una interlocutora tan interesante.
Mi querido J. lo tiene claro. Es el momento de fundar un partido político entusiasmante. A mí me ponen ese palito con zanahoria delante y me vuelvo burra rebuznona: “Sí, podíamos formar el partido consumista sin conciencia, la agrupación Hanna Montana de padres de adolescentes atontados, el círculo de cuarentonas que tuvieron pero apenas retuvieron, el club de Barbara Cartland para sufridores del desamor, la congregación de la bicicleta sin frenos o el “partido Calleja sin cuentos, directo a su oreja”.
Ni recuerdo la última vez que alguien quiso convencerme de una idea política contagiándome su entusiasmo. Yo escucho el tonillo mitin y me desactivo. Es como si me estuvieran dando un bocata y subiendo a un autobús para ir a aplaudir a un tipo sobreactuado que se empina detrás de un atril para vender doctrina en la que no cree. Me molesta que me griten, que me enfaticen frases con rima asonante. Me molesta que hagan silencios teatrales donde sólo cabrían abucheos y me molesta no poder llevar mis tacones porque los discursos tienden a alargarse en proporción indirecta a su interés.
Así que si alguien tiene algo interesante que venderme, que lo haga ahora o calle para siempre. Sólo pido tres cosas: concisión, ausencia de cacofonías y del adjetivo “emblemático”. Candidatos limpios de polvo y paja, que no actúen movidos por la vanidad y el complejo con chispazos de venganza de estudiantes que no fueron líderes. De feos que no se ligaron a la maciza de COU. Las represalias históricas no traen nada bueno. Si acaso, el leve sonido de los rebuznos en la niebla…