Tortu se cree perro, estoy en condiciones de afirmarlo.
Ahora que nos hemos quedado solas, vuelve a hacerlo. Cuando me ve entrar en la cocina la tortuga se alborota y recorre a toda velocidad su jaula pecera versallesca siguiendo mis movimientos, con la boca abierta. Entonces le echo su ración de gambas podridas, con derrama incluida ya que no me ven las chukis, y se la zampa en dos minutos. Sólo falta que me chupe la mano, pero todo se andará.
Entiendo que a las personas que aman a los animales les gusten un poco menos los seres humanos. No siempre vienen cuando los necesitas aunque les muestres un hueso, son desagradecidos y a veces infieles. Precisamente hoy leía en el periódico un artículo con el sugerente título de ¿Está preparado para una infidelidad de su pareja?, y he pensado: “Vaya pregunta más absurda. Si estás preparado es porque te lo hueles, y si no es que confías, digo yo, y entonces no hay preparación que valga”.
Nadie de mi apretada agenda social me ha dicho jamás que estuviera listo/a para unos cuernos, aunque fueran de platino con diamantes. Sí hay quien elabora aparatosas teorías sobre su capacidad para perdonar un engaño potencial pero, con todo el respeto, dudo mucho que en este terreno proceloso existan bancos de pruebas. Los cuernos no son un disfraz con el que puedas ensayar un baile. Si te los ponen, se quedan pegados y al arrancarlos siempre causan destrozos con pérdida de líquido cefalorraquídeo y mucha sangre sin factor RH.
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Rosalía Mera |
El sesudo artículo no es más que lo que vulgarmente se conoce como una paja mental para rellenar periódicos en agosto (y no será que no hay contenidos, desde la súbita muerte de Rosalía Mera al conflicto egipcio, pasando por los desvelos del juez Ruz para desenmascarar la trama Bárcenas).
¿Tú no crees que es peor morir con cinco mil millones en el banco que sin ellos? me preguntaron ayer al hilo del infarto cerebral de la ex de Amancio Ortega. “Yo creo que cuando te estás muriendo no piensas en el dineral que dejas, sino en el dolor de desaparecerte, la incógnita de no saber qué hay más allá del túnel, la tristeza de no volver a abrazar a tus hijos… La muerte es lo más democrático que imagino“.
…Y puede que la infidelidad también lo sea. Un engañado se parece a otro en que se le queda cara de idiota y un estremecimiento entre hígado y páncreas que tarda mucho en aplacarse. Volver a confiar es un ejercicio de gimnasia acrobática no apto para todas las constituciones. Según el sesudo artículo, comentado por una sexóloga avezada, las parejas con cuernos que continúan juntas a menudo utilizan el pasado como arma arrojadiza (la víctima, claro está). Recomponer un jarrón chino roto es mil pedazos no es fácil. Y ahora podría contrargumentar con eso de que un desliz lo tiene cualquiera y blablabla y sería cierto pero me aburre que me mata, y yo de lo que quería hablar era de mi sospecha de esas personas que prefieren a los bichos que a sus semejantes, fieles, infieles o mediopensionistas.
Dicho lo cual corro a despedirme de Tortu, mi más mejor amiga agostera, y después saldré a correr por la ciudad si es que no se me ha olvidado. Necesito reflexionar al trote sobre tantos temas excitantes que se resumen en salud, dinero y amor. O sea, lo que ya nos contaban los boleros.