-¿Vas a volver a dar la vuelta a la esquina de esa casa?
-¿Y a ti qué te importa dónde dejes de perderme de vista?
-Solía saber dónde estabas, a qué hora encendías y apagabas tu Iphone 4 roto como una telaraña perfecta y desplegada. Tu mentira.
-Eso era sólo un mapa estático de coordenadas, de números y letras, no era yo.
-Me bastaba, ya ves que me bastaba…
Colecciono diálogos absurdos que escucho aquí o allá, y yo misma completo, adorno y customizo. Por lo general, las conversaciones ajenas -y a menudo las propias- no son demasiado interesantes. Pero esa chica que a veces se sube al autobús en la plaza de Colón y huele Chanel Nº5 me ha regalado un par de ellas que hacen que levante la vista para saber quién es la dueña de las palabras y del perfume.
Lo primero, porque no sé si tiene edad para Chanel Nº5. Yo misma acabo de incorporarlo a mi menú del dormitorio, y cuando me lo pongo, con cierta prevención y suspicacia, me siento de inmediato otra mujer. Tal vez una de esas que mezclan perlas rigurosas y vaqueros desgastados. Un poco mayor, más irritable y más conservadora que yo misma. Una falsa tímida que quisiera llamar siempre la atención. Una contradicción con piernas y con ojos. Una bomba nuclear, una llamada al 112 de madrugada.
El sudor mezclado con el perfume de Marilyn huele a aventura y a sofoco. Te hace extraña y tentadora. Es un disfraz perfecto para un carnaval invisible. Te dirán que apestas, te dirán mamá qué llevas hoy. Te dirán que eso fue sin duda lo que te hizo marearte el otro día. Te dirán que algunos olores conviene ganárselos.
Poca biografía para tanta fragancia. Te dirán.
(Pero ella va de luto riguroso y no se ha cepillado el pelo, juraría. Y masca chicle con indolencia de fin de la jornada laboral, ya desmayada. Y huele, inconfundible, potente, orgullosa, a Chanel Nº5).
Hasta ahora sentía un respeto reverencial por el jazmín de Grasse, esa flor de un día que permanece en la memoria de por vida. Era poca mujer para tanta huella olfativa, diríamos. Y esa chica que se sube a mi autobús no pasa de los 35 y ya se atreve. Además, lleva los labios rojos y un bolso de plástico que imita piel -animal print-. Y bosteza con uno de esos mohínes de mujer aburrida de coger el mismo bus -misma hora, mismo sitio- Y discute con escasa vehemencia y rico vocabulario con su chico, su ex chico, como quien entretiene el tedio de un viaje previsible y repetido.
Debo pensar: En la biografía de una mujer hay hitos, rituales iniciáticos de la osadía: los primeros tacones, el primer animal print, el rouge rojo, Chanel Nº5. Pear S.Buck, Kundera, Iris Murdoch, Virginia Woolf, Marguerite Duras, Elfriede Jelinek, la loca esa… Coca Cola, clara de limón, cerveza, gin-tonic, whisky con soda, whisky solo, infusión de roibo…Colonia de bebé, sofocante Lou Lou, maderas, patchuli, cardamomo.
Debo saber quién es, cómo se llama. Qué le dice la voz al otro lado. Por qué no se peina y cuándo, cómo, por qué empezó a vestirse de Chanel Nº5.