Desde hoy formo parte oficialmente del club de los neorrabiosos por gentileza de mi amigo J.

Me pregunto si ser neorrabiosa me otorga un barniz semejante al que tendría siendo neogótica, neocatecumenal o neopostmoderna.

En todo caso y para no defraudar a mi nuevo grupo, debo reflexionar en voz alta sobre mis rabietas contemporáneas. Y me alegro que me hagáis esta pregunta porque ayer sucedió algo que me dio que pensar. El precedente: de un tiempo da esta parte las bombillas estallan a mi paso. La larga duración, a mi lado, no supera los dos meses y no admito ironías facilonas al respecto.

Ayer el de mantenimento se personó para reponer la luz en mi caverna. Yo le dije: “Me temo que destrozo las bombillas con la mente”. El tipo, sin alterarse dentro de su mono azul marino, me clavó la mirada y respondió: “No dudo de su fuerza para interferir campos electromagnéticos, sin embargo no debemos descartar otras posibles causas”. De haber podido, me habría amparado en mi nuevo y flamante grupo social de Facebook:

-Es que yo soy neorrabiosa, ¿sabe?,y lo mismo al estar tan alterada interfiero los campos esos electrochungos y hasta los campos de melones si me sueltan por ahí.

Lo mejor de tener una etiqueta es que te ampara el poder de otros muchos. Ya no estoy sola. Mi ira es vuestra ira. Y lo de las bombillas es sólo el primer signo de mis superpoderes neorrabiosos. Como el que avisa no es traidor, dejo una pequeña lista de mis furibundias cotidianas por si alguien encuentra una pintada en el Museo del Prado, mi templo, y pretende atribuírsela a El Muelle o a cualquier otro de esos tipejillos VIP que adornan las aceras y muros de esta nuestra ciudad con alcaldesa impuesta a dedo:

1.Me da rabia entrar en un taxi que apesta a sudor. Y no me llamen racista ni clasista. Si además del olor lleva encendida alguna emisora de ésas que llaman a las barricadas y luego rezan el Ángelus, peor que peor.

2.No soporto que me traten de idiota esos políticos que cuando pudieron hacer no hicieron y que ahora gritan desde sus plataformas de derrota que otro mundo es posible. Ofendéis la inteligencia de vuestros votantes y puede que hasta la ira de dios, si es socialista, que lo dudo.

3.Me revienta que me cuenten el final de las películas. Hasta que se siento en la butaca, quiero soñar en abierto y sensorround que soy la chica de Clooney aunque no sea camarera ni luchadora de brestling.

4.Me altera, y mucho, el poder omnipotente de esos médicos que transitan los pasillos como una pasarela de París donde reparten mohines de asco a unos pacientes que los tratan como dioses del olimpo. Los neodioses -pack en el que incluyo a los informáticos, los banqueros y a los agentes de rating- son enemigos de los neorrabiosos. (O lo mismo no, es un porsicuela).

5.Los tejidos acrílicos, el zapato de medio tacón, los subordinados pelotas, los cruceros con capitán Araña a bordo, las  clases de aerobic, un mal tinte de pelo, las carreras de motos, Steve Martin, Jim Carrey y todos los histriónicos graciosos made in Hollywood, el Gran Hermano, las rimas discordantes, el adjetivo “emblemático”, la ropa color cámel, la arquitectura efectista, la provocación vacía, las gafas de cristales progresivos, el sexo con moralina, la gente que te habla demasiado cerca de tu cara, las alfombras con ácaros, los collares de perlas, los lugares comunes, bailar sevillanas, quedar por compromiso, el zumo de naranja en ayunas, los desvelos de amor (o más bien desamor), la quinta marcha del coche, los polis arrogantes, los rellenos de cara, despertar sin besos y café, llorar con rimmel, pasar a la talla siguiente, la obediencia debida, el matrimonio con inercia, el bloody Mary sin vodka, el olor a cerrado…

Lo dejo aquí que miedo me doy. Y agradezco a selecto club neorrabioso que me acepte entre sus filas. Prometo destilar mis iras con respeto al medio ambiente. Ser rabiosamente sostenible. Gritar y rebelarme como si no hubiera un mañana. Como si no hubiera un presente…