“La música de Bach”, escribe el director de orquesta británico John Eliot Gardiner, nos muestra cuán intensamente le desagradaba la hipocresía y su impaciencia ante el falseamiento de cualquier tipo; (…) Oímos
su alegría y el placer que siente al celebrar las maravillas del
universo y los misterios de la existencia, así como la emoción que
produce su propio atletismo creativo”.

Anoto hacerme con “La música en el castillo del cielo” (Acantilado) en mi desesperada carrera hacia los brazos de mi compositor favorito.  Un impulso de ambición por el absoluto que no liga con la fe pero me da consuelo en días de zozobra. Atletismo creativo. Qué gran concepto.

Ayer volvía andando con mis Nike de siete leguas cuando atrapé al vuelo una frase para mi colección de tesoros con palabras. Hoy la excitación de un probable reencuentro con Bach (de 800 páginas, nada menor) dispara mi generosidad,  y os comparto ésa y otras reflexiones dichas en voz alta por anónimos o amigos:

1.“No puedo ir, tengo cena con mi jefe. Y cada cena con él es como la última cena”. (Joven ejecutivo subiendo la cuesta de Ortega y Gasset, a la altura de la boutique Loro Piana, esa que teje jerseys con lana de ángeles cantores). Me dieron ganas de decirle: “dile a tu jefe que has dejado de cenar porque se te atragantan las amenazas veladas al caramelo, las boutades en papillote, el aire tóxico con mostaza de Dillon… No pierdas un segundo de tu vida con nadie que no ames. Vuelve a casa con tu mujer, con tu novio, con tu perro o con tu hámster. Con tu armario empotrado y tu edredón de plumas. Con tu cerveza fría y tus patatas. Tempus fugit. Tic, tac”.

2.“Me siento más libre. Ahora veré lo que hago con esa libertad”. Luchador incorruptible, inagotable, tras completar con éxito un desafío de largo recorrido plagado de trampas de troll y de vueltas a la casilla de salida. Admiro su tesón, su fortaleza resiliente, su inteligencia sin fisuras, su integridad radical, su nulo afán de protagonismo, su cero concesión a la arrogancia. La libertad, ciertamente,  es un estado mental, un viernes a la sombra centenaria de un ficus gigante del Jardín Botánico. Un aspa en el libro azul de los logros personales. Un esto se acabó. Un ¿y ahora, qué? Un salto en el vacío.

3.”No tengo fuerzas ni para una erección“. Me escribe R. tras una dura jornada de trabajo. Le digo que no me lo creo, que en el mundo de amor al por mayor  donde milita las erecciones corren que vuelan a poco que se tienten las ganas y el oído. Que hay hambres que no necesitan sentir hambre para manifestarse igual que hay alimentos que no llenan el estómago. Que viva la alegría man que pierda. Que habiendo Bach y sexo alborotado sonará una sinfonía en el castillo del cielo, y estallarán fuegos artificiales por doquier. Pim, pam, pum!

4.”Un seis es una nota cutre, representa el conformismo. Para tener un seis, prefiero un cuatro y medio que al menos te empuja a buscar el aprobado “. La teoría de U. sobre la aritmética psicológica de las notas merece una cena compartida. A U. me une la alegría, el entusiasmo y las ganas desbordantes de todo y a granel. Además de ser un excelente fotógrafo es el tipo más generoso del planeta y nuestras conversaciones son como volver a jugar a churro va o a balón prisionero en el patio del colegio. Cada vez que la vida nos sienta en un avión, en una mesa, es una fiesta de cumpleaños que no necesita tarta ni champán. Qué suerte tengo, amigo. (Y encima me sacas mucho más mona de lo que soy. Gracias por ese regalazo)

5. “No entiendo que tu libro tenga un prólogo. Un prólogo es autobombo, adulación, almíbar. Déjame que yo te escriba el postcriptum en dos folios y cuente toda la verdad”. Mi amigo el innombrable se tragó de pequeño una dosis maligna del suero de la verdad y la brinda a destajo con esas carcajadas que te arañan sin ganas de dañar porque encierran ternura y lealtad. Resisto la tentación de decirle que OK, que mande su amenaza y será publicada. Daría medio brazo por leerle. Tendrá mucha razón, estoy segura. Ayer le di plantón por un asunto doméstico. “La próxima vez que quedemos iré con mi florete”, me provoca. Sus duelos siempre son un espectáculo. Su ironía, un brote de genio feroz e impertinente, un pizzicato.

P.D.La emoción del atletismo creativo es siempre fiesta. El genio de otros me alimenta como Bach me alicata el espíritu. Ya escucho la música en el castillo y el día acaba de empezar. Qué privilegio.