Mi querida Big-Bang:
En la vida de toda mujer hay un día en el que por fin consigue ganar un concurso de baile en la modalidad de “canción ligera”. Llevo años soñando ese momentazo, aunque en mi fantasía sucede sobre un escenario lleno de focos, confetti de colores y bailarines macizos al mejor estilo Giorgio Aresu (ballet Zoom, tiren de hemeroteca los menores de 35) contoneando las caderas miemtras me miran con esa mezcla de admiración, mariconeo y lascivia tan ambigua que proyectan los hombres embutidos en mallas morcilleras de un tono azul irisado que te quedas muerta.
La cosa es que no hubo mallas ni focos ni cortina de humo ni redoble de tambores. Sólo un prado, una barbacoa y un grupo de fans (cada uno de sí mismos, lo que se viene llamando competencia) que, ahítos de sangría y carnes a la brasa, nos lanzamos a bailar con desesperación cualquier temazo que nos pincharan. Por parejas, porque este es el titular: anoche fui con pareja, y el pirata, que es malicioso cuando quiere, me soltó todo lo que pensaba: “Chica, tantos años trayéndote amigas que pensé que por desesperación te habías pasado al otro barrio. Que si qué grandes amigas somos, que si dame un abrazo, que si una cosa nos lleva a la otra… Sucede en las mejores familias”…
No, no es que el Pirata sea homófobo, es que el hombre me quiere recogidita y sin esa tensión de la búsqueda del hombre ideal que tanto nos afea el cutis. Y sabe de lo que habla, porque está casado con una estheticienne avezada, y fijo que alguna vez habrán comentado: “hay que ver la rubia, cómo se arruga con los años. Esa lo que necesita es un buen revolcón detrás de otro, y una buena mascarilla de manzana sidrera”.
Pues bien, mudos se han quedado. Anoche hice mi entrada triunfal sin lesbiana a babor ni a estribor y los astros quisieron redondear el éxito. La chuki adolescente, avergonzada de su madre, se piró a la trastienda para no verlo, y J. y yo nos marcamos unos bailes on the grass que ya los quisieran para sí el relamido de Fred Asteire y la cursi de la Rogers. Bueno, puede que no lo bordáramos a ese nivel, pero íbamos pelín borrachos y al respetable jurado (una de 7 años y otro de 9) les pareció de una maestría que ni Barishnikov. Cadera con cadera, pubis con pubis, vueltas, contravueltas, tropezones, la coreografía fluia como si hubiéramos estado años ensayando. Y si no es por el mareo que nos dio la agitación etílica aún estaríamos dale que te pego.
No, no tengo pruebas, así que no me las pidas. Si te valen unas agujetas del carajo y un esguince pélvico sin diagnosticar, te mando el informe ya mismo. Ahora te dejo, que J. y yo vamos a darle al fox trot en el prado porque la avaricia nos ha puesto locos y, total, es la primera vez que ganamos en modalidad pareja a algo que no sea al chinchón o las carreras de caracoles…¡Cómo echo de menos aquel programón llamado “Aplauso”, que nos habría catapultado a la fama en dos minutos de prime time!!!