Oficialmente, hoy es el día de los propósitos. Se acabaron las tonterías, la diletancia y los excesos del verano. Hay que apuntarse al gimnasio, empezar un régimen, aprender inglés o danza jaimacana. Pero no vale ser ayer. Se ha trazado una raya imaginaria en nuestro suelo y trspasarla tiene sus consecuencias, sí, pero no hacerlo es aún peor.

El ser humano necesita líneas de salida y de meta. Calendarios, relojes y plazos no se inventaron para fragmentar el tiempo, se me ocurre, sino para dotar a nuestra vida de sentido. Si no hay un fin para qué salir a correr. Si hoy soy la misma que ayer, estaré cediendo terreno a la desidia. Los hitos nos ayudan a no entrar en brote existencial cada dos por tres.

(Los plazos de pago a Hacienda, las facturas mensuales de teléfono o luz y los carteles que en la carretera nos advierten de que hemos pasado a otro país son tretas melévolas para aprovechar esa querencia a los límites, a las fechas, para no ser presa de los caprichos de los dioses).

Minichuki tiene claro esto de las fechas clave y a las pruebas me remito. Un día que su hermana tenía migraña este verano, le pregunté si no sería porque le iba a venir la regla. En lugar de mi adolescente, respondió su hermana con tono de enteradilla profesional:

Christian Bale

-Imposible, si no es día uno…

Mi hija, al parecer, imagina que todas las mujeres del universo experimentan una hemorragia mundial simultánea cuando arranca el mes. Una imagen dantesca que supongo la tiene trastornada, con razón, y que me apresuré a eliminar de su delirante fantasía infantil. Ella se encogió de hombros y no pareció aliviarse demasiado. Creo que prefería ser artífice de una teoría propia, aunque fuera sangrienta.

Hoy tampoco es día uno, pero como si lo fuera. Pronto volveré a encontrarme en la parada a la madre borde que fuma a sus hijos en sus caras, al cienciólogo pirado y al hippy chic maduro que cambia la correa de su perro cada semana (otro plazo necesario para su tranquilidad estética, supongo). Y mientras espere al autobús seguiré perpleja por indigestión de una actualidad que hace convivir a escasos centímetros la noticia de que habrá guerra en Siria -en cómodos plazos orquestados por Obama-  con el fichaje millonario de un tal Bale en el Real Madrid (el único Bale del que tenía noticia hasta hoy era Christian Bale, el actor de Batman. Imagino que los seis millones de euros al año convierten al futbolista en un superhéroe más dotado que el del cómic). Y trataré de imaginar si los forofos del fútbol, muchos víctimas de la crisis, no se indignan con semejante despropósito de sueldo. Pero es que es día uno con aspecto de dos y la demagogia vuelve a estar en el aire.

Gareth Bale

Hoy empieza todo, y es excitante. Huele a forro nuevo de libros y a zapatos de estreno. La luz de amanecer regala grisura otoñal y advierte de salir con chaqueta a la calle. Los comercios de barrio vuelven a abrir sus puertas y hay que llenar la despensa para que tus hijas no descubran la dejadez de dos semanas salvajes sin obediencia a más calendario que el del placer.
Quien inventó los arranques y las metas sabía lo que se hacía. Bienvenidos sean el alfa y el omega. Que empiece el espectáculo.