Mi querida Big-Bang:
Si no fuera porque sé que tengo a la indolencia a raya fruto de mi educación prusiana diría que estoy hecha una vaga del carajo, y la culpa la tiene el calendario. A mí me das sol y crema filtro 50 y me traslado inmediatamente a la tumbona y al HOLA. Los autores sesudos con los que cultivo mi frágil intelecto jamás los abordo a menos de 60 metros de la orilla, como si de un plan de urbanismo neuronal se tratara. Yo me construyo bajo la sombrilla y me destruyo leyendo chismes rosas en posición horizontal y con una piña colada entre las manos.
Sí, se te ha caído un mito, lo comprendo. Pero entiende que soy hija de mi tiempo, de la química inorgánica y del Vogue. Otro de los hit parades de la literatura que me llena. De repente las rutinas cambian con el calor y una tarde cualquiera me pierdo fascinada delante de las fotos de un tipo que ha dejado la cámara dos años en una plaza de Berlín, y ha captado trazos fantasmales que convierten la arquitectura inmóvil en una visión romántica y algo apocalíptica. Sin sol, eso sí. Despiadadamente gris. Pero me gusta.
Puede ser un martes, o un jueves, pero ahora todo son viernes. Tú sales a la calle y te espera un plan que bien puede rematarse con una buena charla con amigo envuelta en pez mantequilla y prolongada hasta la madrugada. Los japos, que eran los chungos de las pelis de guerra de mi infancia, nos han conquistado al fin por el estómago. Donde esté un buen sashimi que se quiten la croqueta y el arroz abanda. O lo mismo no, pero en el preverano sí. Es como la pretemporada de la moda. Te ponen unas camisetas de rayas marinas y unas sandalias doradas y te vuelves loca, mucho antes de captar que es lo mismo de siempre, que no hay destello de invención, ni falta que hace.
La rutina irrutinaria, el placer reinventado, la lujuria sin castigo. Bienvenidos sean el verano y sus derramas. Hago la lista de lo que quiero hacer antes de que me devoren sus días: 1.Volver a Sintra un rato y beberme una absenta (tras otra) en el hotel de Lord Byron. 2.Coger cangrejos con las chukis en la cueva del dragón, sita en Asturias. 3.Cocinar macarrones con furia para que mi amigo el Pirata me los tire por el váter y me ofrezca un plan B. 4.Asegurarme que las cenizas de la pira de los deseos ajenos no vuelvan a chocarse con mi cara. 5. Ensayar con mi querida A. los temazos del karaoke para que no me deje sola desgañitándome frente al micrófono. Y 6: Exprimir el sol y la literatura ligera como si no hubiera un mañana. Sea!